De almuerzo hoy quiero arepas con espumilla...


La frágil memoria condena a los pueblos. Los éxodos han sido y son constantes en la historia de la humanidad. Gente que huye de Siria, otros que abandonan el África, otros que arriesgan su vida cruzando el mar, otros que viajan por el desierto mojando sus espaldas en el Río Grande, otros que deben aguantar la culpa natal de ser de un país o lugar "subdesarrollado" en la sala de una embajada que los maltrata... son tantos los éxodos de hoy, que solo la ceguera auto-infligida, los puede ocultar ante la verdad de una civilización mundial que no tiene piedad con la gente, pero si con lo material o con la corrupción.

Si pudiera preguntar a unas pocas personas de cada uno de los pocos ejemplos que he dado de éxodos actuales, creo que todos hubieran preferido no ir a lo desconocido, dejando su casa, su barrio, su familia, sus amigos, la escuela de sus hijos, su aire, su sol mañanero, su lluvia tropical, sus heladas y claras mañanas...Toda este gente seguramente hubiera optado por no ir; pero en sus espaldas corre un huracanado viento del miseria, maldad, cobardía, egoísmo, que los empuja, que los saca de su casa y los expone a otros paisajes, inciertos o muy poco conocidos, producto de aventureros que ya hicieron el camino y les dijeron pueden venir, es diferente pero pueden venir...

Hace varios años pude conocer la bella Venezuela, exactamente hace 21 años. Esplendorosa, calurosa, alegre. Lo que mas recuerdo es de una persona que me contaba de la gran cantidad de ecuatorianos que vivían por todo el país. tanto así que ahí, en pleno corazón de Caracas, había un barrio muy conocido por tener gran cantidad de Guayaquileños... Debió ser por eso que Julio Jaramillo se enamoró de esta tierra y decidió cantarle con amor, a tal punto que esta tierra lo acogió como hijo prominente, como su cantor, como el Ruiseñor de América.

Pero hoy la maldad extrema, la corrupción, la violencia, el desamor, ha ultrajado esta tierra. La lucha fratricida es un escenario diario entre lideres políticos, ante lo cual muchos jóvenes, niños, ancianas, hombres y mujeres, han decido ser parte del éxodo, porque no están contentos con la muerte, porque les estorba la miseria y quizá no se alinean con la política corrupta que quiere absorber sus almas y darles rostros de diversas formas globalizadas. Lastimosamente Venezuela ha sido el primer país que ha demostrado que la corrupción mató la revolución.
Y ahora el péndulo los trajo hasta el país de la mitad del mundo, quizá porque no esta muy cerca ni muy lejos de casa, a donde todos quieren volver. Quizá porque el corazón los trajo a una tierra amigable. Quizá porque los desvalorados bolívares no les dieron mas millas de viaje. Quizá porque sintieron que este sol también los puede cobijar.

Están aquí enfrentando sus miedos, con risas nerviosas, con historias de un país tan cercano y a la vez lejano de nuestra realidad... Están aquí para hacerte una arepa de reina pepiada o simplemente un buen Pabellón, que te hará disfrutar no solo el sabor, sino la historia llanera de donde vienen varios de sus productos... Vinieron con las manos llenas de sueños, a hacer un trueque por las montañas, por la libertad de caminar tranquilamente, por la oportunidad de trabajar honradamente, por la aspiración de que sus sueños no mueran... Y sí, la mayoría son jóvenes, porque ellos aún tienen los sueños a flor de piel, rebelándose a que mueran antes de haber florecido por lo menos una vez. Vinieron de la mano de Sucre, nuestro Mariscal, nuestro verdadero héroe nacional.

Todo les suena diferente y probablemente la risa nerviosa sea la mejor defensa a todo lo desconocido, como la rica espumilla que vende una mujer con guagua a la espalda en medio del tráfico y sol matador del mediodía en Quito. Están tratando de asimilar que es la tripa mishki o descubrir la magia de un buen rosero quiteño. Sonríen, mientras su corazón trata de latir normalmente a 2850 metros de altura y lejos de casa, aunque por adentro se les arrugue el alma

Nada justifica la falta de respeto, de parte y parte, nada... no puedo creer que entre nosotros exista gente que hubiera sido capaz de encender el incinerador con cientos de judíos, por el solo hecho de que piensen o hablen diferente... Nada justifica la ira, la intolerancia, la agresión, las palabras que se dicen de la lado y lado y hieren al otro... Nada lo justifica.
De mi parte no hacen faltas disculpas, si algo me haría bien es más sonrisas, más cordialidad, menos enfrentamiento, porque al final del día se que también puedo ser parte de un no deseado éxodo.

Mientras escribo esto, en lo que he estado pensando por mucho tiempo, estoy pensando en cual sería una comida nueva, retadora, por lo que mañana seguro probaré una arepa con espumilla... ¿quien se une al reto?

Buen viaje, buena vida...
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