...posibilidad cinematográfica de un final feliz

El tema que menos me convence, de la llamada postmodernidad, es la constante búsqueda de homogenizar todo lo que sea posible, para ser medidos y catalogados infinitamente por indicadores de todo tipo. Cuando eso pasa la segregación de los grupos es aún más alta y peligrosa. Si solo en una parte discrepas de un modelo, entonces eres del lado oscuro de la luna. El lema: Los que están en funciones de cualquier institución son buenos y como buenos "buenos" deben encontrar malos para enfrentar su ira e impotencia, directa y continuamente, apuntar con todo contra aquel grupo que está homogenizado del lado del mal. Lado, que por cierto puede ser también temporal, por lo que el peligro mayor es que cuando esta temporalidad termine, vendrá lleno de revanchas y venganzas para terminar con el estigma con el que fue calificado, por el que antes era bueno, pero como ya se terminó su infinito sueño de inmortalidad, ahora – para juzgarlo bajo sus mismas reglas- debe ser malo, incluso más malo del malo que ahora es bueno. Y así en es te ritmo desperdiciamos las sinergias de una oportunidad única que tenemos de hacer entre todos un mundo mejor.
Me arrepiento de cualquier vez que pude haber sido parte de este maquiavélico juego de bandos dialécticos, jugando en el penoso escenario de la desvaloración constante de todo y de todos, bajo la bandera de los supuestos mayores principios humanos. Pero, para qué quiero ser libre, si para llegar a serlo tuve que haber probado que la anarquía es la única manera de eliminar a la conciencia.
Basta ya, las banderas, los colores no se hicieron para brillar solos. El sistema de la vida es tan perfecto desde todo lado, desde todo parámetro, de todo latido, que debemos ir hacia la construcción colectiva de un mundo mejor. Lastimosamente se irán transformando ciertos recursos, pero vamos a la construcción de mejores alternativas, no solo para reparar los impactos, sino para mejorar las condiciones que compartimos como humanidad.
Mientras prime la soberbia, habrá ganado la ley de opuestos excluyentes.
Sin embargo, veo a mi alrededor a un montón de seres humanos que aún rechazan la idea, de que para sobrevivir habrá que matar a su hermano y que para avanzar, hay que hacerlo sobre las huestes caídas de tus enemigos, los malos que luego serán buenos y que vendrán a recuperar sus muertos.
Hoy mi mente estalla en una batalla crucial, porque me resisto a tomar –( y peor con fanatismo)- cualquier bando, que no me permita algún día mirar lo maravilloso de algunas cosas que hacen los malos para los buenos y los buenos para los malos... En fin, creo que lo único a lo que me aferro es a la posibilidad cinematográfica de un final feliz!
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