Discurso de Graduación Mayo 2012

Inicio hoy con esta bella historia, que me envió un Ángel…. La historia la cuenta el padre de un niño especial…

"Se dice que Dios hace todo a la perfección ¿Dónde esta la perfección en Carlos, mi hijo? Mi hijo es incapaz de comprender las cosas como los demás niños, él no tiene memoria como los otros niños, ¿Dónde esta la perfección de Dios?

Ahora entiendo que al cuidar de un hijo minusválido, la perfección que busca Dios es saber como actuaremos nosotros ante este niño; he aquí una pequeña anécdota para ilustrarlo.

Una tarde Carlitos y yo paseábamos cerca de un parque donde algunos niños jugaban al beisbol.

Carlitos me dijo, ¿Crees que me dejarían jugar con ellos?

Sabía que Carlitos no es el tipo de niño que los chicos buscan para integrar en su equipo, pero esperaba que al menos se le permitiera jugar un momento.

Le pregunte entonces a uno de los jugadores si Carlitos podría participar en el juego.

El jugador reflexionó un instante y dijo:

Perdemos por seis carreras y estamos en la octava entrada pero creo que podría formar parte del equipo y tener la ocasión de golpear en la novena entrada.

Carlitos emitió un suspiro enorme.

Este jugador le dijo a Carlitos que se pusiera el guante y fuera al campo de juego.

Al final de la octava entrada el equipo de Carlitos marcó algunas carreras pero seguía perdiendo por tres, luego, sorprendentemente al inicio de la novena entrada el equipo de Carlitos hace otra carrera. Con dos jugadores en base este equipo tiene ahora a su alcance la posibilidad de ganar el partido.

Cosa sorprendente, el capitán del equipo le da el bate a Carlitos. Todos saben que es casi imposible ganar pues Carlitos no sabe ni como agarrar el bate y mucho menos golpear la bola.

Cuando Carlitos se coloca en la zona de bateo, el lanzador del otro equipo avanza unos pasos y lanza la bola con bastante dulzura para que Carlitos pueda al menos tocarla con el bate. Carlitos batea torpemente la primer a vez sin éxito, entonces un compañero de su equipo viene en su ayuda y los dos agarran el bate esperando el siguiente lanzamiento, el lanzador se vuelve a aproximar y lanza la bola suavemente.

Esta vez, junto con su compañero, Carlitos golpea suavemente la bola que hacia el lanzador quien la recoge en ese momento.
Hubiera sido muy fácil que el lanzador pase la pelota a primera base y elimine a Carlitos, dando fin al juego, pero el lanzador lanza la bola muy alto y muy lejos del alcance del jugador de primera base y todos empiezan a gritar:

¡Corre a la primera base, corre a la primera base¡

Carlitos, suelta el bate y corre a lo largo de la línea totalmente sorprendido.

Cuando llega a la primera base, el receptor de la derecha ya tiene la bola en su mano pero no lanza a la segunda base, ya que ello eliminaría a Carlitos que sigue corriendo. Arroja la bola por encima de cualquier lado menos en esa dirección y todos gritan:

¡Corre a segunda base, corre a segunda base!

Los jugadores animan a Carlitos que se aproxima a segunda base y cuando llega, todos gritan:

¡Corre a tercera! ¡Corre a tercera!

Mientras Carlitos corre a tercera base, los jugadores de los dos equipos le gritan

¡Has toda la vuelta!

Carlitos completa la vuelta, alcanza el “home” y los jugadores le alzan sobre sus hombros, en ese parque Carlitos hoy es un héroe, acaba de lograr un “home run” y el triunfo de su equipo.

Ese día 18 chicos alcanzaron su propio nivel de la perfección de Dios.

En estos dos años, muchas veces, varios de nosotros nos hemos sentido como Carlitos, excluidos y discriminados, pero al final un 12 de abril del 2012 recuperamos nuestro aplomo y nuestro verdadero valor. Somos la única universidad de Quito que paso el riguroso examen sin observaciones y la que logró los puntajes más altos, entre las 26 universidades, en los exámenes escritos. Ese triunfo es de todos, por lo que hoy quiero agradecer a ustedes padres de familia, amigos, estudiantes y colegas, porque se comportaron como los 18 jugadores de la historia y siempre nos incentivaron a dar la vuelta completa y ganar el juego.

Demostramos como siempre que hay caminos duros, largos y tortuosos, como una gira austro… pero aprendimos que esos caminos, si son desarrollados con dignidad, honestidad y paciencia, se tornan en los paisajes más hermosos que jamás hemos visto.

Invertimos en tiempo de riesgo, por lo cual hoy tenemos este hermoso campus, que se ha convertido en un ícono de nuestro avance hacia una acreditación entre las mejores universidades del Ecuador y, porque no, de Latinoamérica. Estamos todos soñando y construyendo un bien que no es para ninguno de nosotros, sino para esta UCT que hoy más que nunca está lista para trascender a nuestras vidas y marcar un hito en la historia de la educación en Ecuador.

En este tiempo no decaímos en nuestra rigurosa formación, pero además aprendimos el valor de las palabras solidaridad, confianza, respeto, apoyo, trabajo en equipo y más allá de todo: confianza en Dios.

Hemos transcendido a la ciencia, porque más que nunca somos amigos, amigas. Nos hemos puesto uno al lado del otro para cruzar esta calle y nos cuidamos para llegar todos salvo.

Nos sentimos triunfadores y con mucha razón, hoy más que nunca nos debe enorgullecer ser UCT.

Hoy tengo ganas de decir gracias y para ello tomo este pequeño verso de Machado para decirles que todos ustedes son:

Titán feliz, porque domó a la Suerte.
Gran capitán, porque venció a la Guerra.
Héroe inmortal, porque mató a la Muerte.

Fuimos hechos de gran y noble madera, la que se forjó en las aulas, en las prácticas, en las salidas de estudios, en el patio, en los campeonatos de fútbol, en las fiestas de Quito jugando cuarenta, en la dulzura de amores universitarios y en la gloria de alcanzar esta meta. Somos hechos de titanio por nuestros hogares, nuestros padres, nuestros abuelos, nuestras raíces históricas. Somos hechos de barro a semejanza de un Dios que para nosotros solo nos tiene guardado una cosa, la felicidad eterna.

Para ustedes, Graduados UCT, quiero dedicar este hermoso poema de Rudyar Kipling que desde el primer día que lo estudié me enamoró, pues es al mismo tiempo es una dulce declaración de estima, al igual que mi reconocimiento de amor hacía mi esposa, hijos, padres, amigos y también porque no, a mis detractores:

SI
Puedes conservar tu cabeza, cuando a tu alrededor
todos la pierden y te cubren de reproches;
Si puedes tener fe en ti mismo, cuando duden de ti
los demás hombres y ser igualmente indulgente para su duda;
Si puedes esperar y no sentirte cansado con la espera;
Si puedes, siendo blanco de falsedades, no caer en la mentira,
Y si eres odiado, no devolver el odio; sin que te creas,
por eso, ni demasiado bueno, ni demasiado cuerdo;

SI
Puedes soñar, sin que los sueños imperiosamente te dominen;
Si puedes pensar, sin que los pensamientos sean tu objeto único;
Si puedes encararte con el triunfo y el desastre y tratar
de la misma manera a esos dos impostores;
Si puedes aguantar que a la verdad por ti expuesta
la veas retorcida por los pícaros,
para convertirla en lazo de los tontos,
O contemplar que las cosas, a las que diste tu vida, se han deshecho,
y agacharte y construirlas de nuevo,
aunque sea con gastados instrumentos.

SI
Eres capaz de juntar, en un solo haz, todos tus triunfos
y arriesgarlos, a cara o cruz, en una sola vuelta
Y si perdieras, empezar otra vez como cuando empezaste
Y nunca más exhalar una palabra sobre la perdida sufrida.
Si puedes obligar a tu corazón, a tus fibras y a tus nervios,
a que te obedezcan aun después de haber desfallecido
Y que así se mantengan, hasta que en ti no haya otra cosa
que la voluntad gritando: persistid, es la orden.

SI
Puedes hablar con multitudes y conservar tu virtud,
o alternar con reyes y no perder tus comunes rasgos;
Si nadie, ni enemigos, ni queridos amigos,
pueden causarte daño;
Si todos los hombres pueden contar contigo,
pero ninguno demasiado;
Si eres capaz de llenar el inexorable minuto,
con el valor de los sesenta segundos de la distancia final;

Tuya será la tierra y cuanto ella contenga
Y -lo que vale más- serás un hombre… hijo mío…

Por favor póngase de pie todos los graduados y démonos un fuerte abrazo y un aplauso, pues ustedes son los 18 niños del campo de juego que nos empujaron ser capaces de todos los triunfos. Muchas gracias y recuerden sumando uno, somos más…
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