Ceremonia de Graduación Noviembre 2011

Es hoy un día muy especial por varias razones. Primero porque desde hoy quedará instituida esta ceremonia de graduación en este hermoso y bello campus, ustedes son la primera promoción que dará su buen augurio a muchas por venir. Y en segundo lugar porque estar aquí hoy marca otro hito en el crecimiento de la UCT, esto gracias a los estudiantes, docentes, trabajadores y autoridades que siempre han creído en este sueño.
Hemos crecido y siento que aún nos falta muchísimo por recorrer.
¿Qué ha significado este crecimiento?, ¿que hemos aprendido?, ¿que hemos valorado?, ¿que tenemos hoy en día? Quisiera recorrer por un momento una serie de sentimientos que pueden contestar a estos interrogantes.
De inicio en esta etapa he sentido lo que significa la solidaridad, ese sentimiento que nos acompaña, que nos junta, que nos hace perder el miedo a la soledad. Aunque sentado en la oficina, a veces melancólico, siempre vi pasar por la ventana un rostro joven que sonreía o alzaba la mano para saludar y eso ha sido muy importante, me sentí como en la historia “un ciego sentado en un parque, con una gorra a sus pies y un cartel en el que, escrito con tiza blanca, decía: "POR FAVOR AYÚDEME, SOY CIEGO". Un creativo de publicidad que pasaba frente a él, se detuvo y observó unas pocas monedas en la gorra. Sin pedirle permiso tomó el cartel, le dio vuelta, tomó una tiza y escribió otro anuncio. Volvió a poner el pedazo de madera sobre los pies del ciego y se fue. Por la tarde el creativo volvió a pasar frente al ciego que pedía limosna. Ahora su gorra estaba llena de billetes y monedas. El ciego reconociendo sus pasos le preguntó si había sido él quien re-escribió su cartel y sobre todo, qué fue lo que había escrito allí. El publicista le contestó: -"Nada que no sea tan cierto como tu anuncio, pero con otras palabras".
Sonrió y siguió su camino. El ciego nunca lo supo, pero su nuevo cartel decía:
"ESTAMOS EN PRIMAVERA, Y... YO NO PUEDO VERLA"
Les confieso que muchas veces ustedes fueron como el publicista y con un simple gesto, con unas pocas palabras o con su sonreír al pasar frente a la ventana me recordaron siempre que lo mejor de la primavera aún está por venir…
Crecimos entre risas y llanto, entre esfuerzo constante, aprendiendo a que una caída no era el fin, pues ese fin estaba impuesto por nosotros mismos, pero en esa caída fuimos tan nobles como en la historia de dos chicos, una pareja que van en una motocicleta a una alta velocidad y en medio del viaje ella le dice: “baja la velocidad por favor… estoy asustada”. El en tono fuerte le responde “agárrate muy fuerte a mí, esto es divertido…” Ella tiene miedo, él le pide que le abrace y le diga que lo ama. Ella lo hace con mucha pasión. El su alta velocidad él le pide que le quiete el casco y se lo ponga ella, porque a él le estorba… al final solo le pide oír nuevamente cuanto lo ama, ella dice un “te amo” con todo su corazón. En el periódico al día siguiente se lee “Fatídico accidente de moto. El vehículo se estrelló ayer contra un edifico por un fallo de los frenos. Sólo sobrevivió una de las dos personas.” La verdad: De repente el chico se dio cuenta de que los frenos de la moto no reaccionaban...pero no quería que ella lo supiera. Así que viendo que nada podía hacer para evitar la tragedia le pidió a ella que le dijera que le amaba, y él se lo dijo también. Le pidió además que le abrazara (por última vez) y le dijo que se pusiera su casco, (para que ella viviera) aunque ello implicara...su propia muerte.
Recuerdan, nos caímos y nos estrellamos muchas veces, pero siempre hubo alguien que nos puso un casco, que nos dijo que nos amaba y de seguro hubiera dado su vida por nosotros. Es más, nos dieron su tiempo, nos dieron su oído, nos dieron su hombro para llorar, su mano para cruzar la calle y su compañía para terminar la jornada.
Y aunque muchas veces no logramos una total empatía con los maestros, con las autoridades o con nuestros mismos compañeros, pero al final regresamos a ver y nos damos cuenta que la presión y el trabajo valieron la pena, tenemos hoy aquí mentes brillantes, jóvenes soñadores, locos por devorar y cambiar el mundo, arriesgados, emprendedores, con muchos y profundos valores y sobre todo orgullosos de ser lo que son. Me recuerdan de otra bella historia que leí recientemente que cuenta de un niño y su abuelo. El niñito miraba al abuelo escribir una carta y en un momento dado le preguntó:
- ¿Abuelo, estás escribiendo una historia que nos pasó a los dos? ¿Es, por casualidad, una historia sobre mí?
El abuelo dejó de escribir, sonrió y le dijo al nieto:
- Estoy escribiendo sobre ti, es cierto. Sin embargo, más importante que las palabras, es el lápiz que estoy usando. Me gustaría que tú fueses como él cuando crezcas.
El nieto miró el lápiz intrigado, y no vio nada de especial en él, y preguntó:
- ¿Qué tiene de particular ese lápiz?
El abuelo le respondió:
- Todo depende del modo en que mires las cosas. Hay en él cinco cualidades que, si consigues mantenerlas, harán siempre de ti una persona en paz con el mundo.
Primera cualidad: Puedes hacer grandes cosas, pero no olvides nunca que existe una mano que guía tus pasos. Esta mano la llamamos Dios, y Él siempre te conducirá en dirección a su voluntad.
Segunda cualidad: De vez en cuando necesitas dejar lo que estás escribiendo y usar el sacapuntas. Eso hace que el lápiz sufra un poco, pero al final, estará más afilado. Por lo tanto, debes ser capaz de soportar algunos dolores, porque te harán mejor persona.
Tercera cualidad: El lápiz siempre permite que usemos una goma para borrar aquello que está mal. Entiende que corregir algo que hemos hecho no es necesariamente algo malo, sino algo importante para mantenernos en el camino de la justicia.
Cuarta cualidad: Lo que realmente importa en el lápiz no es la madera ni su forma exterior, sino el grafito que hay dentro. Por lo tanto, cuida siempre de lo que sucede en tu interior.
Quinta cualidad: Siempre deja una marca. De la misma manera, has de saber que todo lo que hagas en la vida, dejará trazos. Por eso intenta ser consciente de cada acción.
Hoy con el viento refrescándonos miramos atrás y entonces suspiramos profundamente pues hemos crecido, salimos de un aprendizaje y estamos listos para otros sueños. Miramos a nuestro alrededor y agradecemos a Dios, a nuestros padres, a nuestros amigos y sentimos una alegría inmensa capaz de hacer latir el corazón a miles de revoluciones por minuto. Decimos gracias y entonces estamos ya dando un paso en otro campo donde todos esperamos crezcan aún más alto… Con un torbellino de emociones empezamos nuevamente otra etapa.
Solo nos queda recordar que cuando hemos concluido esta fase, nos llevamos varios tesoros en el corazón. Pertenecemos a una hermosa comunidad llamada UCT, tenemos valiosos amigos y amigas con quienes enfrentaremos este nuevo reto y, finalmente, estamos preparados para lograr aquellas cosas con las que soñamos. Solo me resta por decir hasta pronto, recuerden que esta será siempre su casa y que desde ya añoramos ese día que vuelvan a pasar por mi ventana y me regalen una sonrisa.
A conquistar sus sueños y gracias por su grata compañía de vida, des ya los extrañamos…
Felicidades y que nunca pierdan la capacidad de crecer hacia el lugar que nuestro Creador tiene previsto para cada uno de ustedes.

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