Discurso Mayo 2009

Como lo habrán percibido hoy es una ceremonia muy especial, primero porque nos estamos graduando juntos y segundo porque como arte magia he pasado al frente para poder dirigirme a ustedes. Así que hoy tengo un grave problema porque también me tengo que despedir de mi mismo… Me imagino a otro Enrique sentado al frente, escuchando, nervioso, ansioso porque los discursos no sean eternos, pensando en cual va a ser el próximo paso y mirándome… Y créanlo esto puede ser un duro ejercicio. Entonces en este espejismo dual, hoy he escrito cosas que me hubieran gustado oír. Lo primero que se me vino a la cabeza fue, que al igual que hoy les digo hasta siempre, de ese mismo modo debía aprovechar este instante para rendir homenaje a un maestro que me inspiró por mucho tiempo y al cual el mundo le dijo hasta siempre en estos días. A Mario Benedetti lo conocí al mismo tiempo que conocí a la mujer y compañera que más amo en el mundo, ella me obligó a oírlo en una tarde de lluvia y me dio desde ese entonces un regalo inolvidable. Y recuerdo mucho a Benedetti, porque es un poeta de la cotidianidad y de las despedidas. Por ejemplo cuando oímos hecha canción el poema “Yo no te pido”, y la cantamos a voz en cuello, casi rasgándonos la garganta, es así como pedimos que sea una relación, con futuro como la que tenemos entre nosotros en la UCT, decimos:

Yo no te pido que me bajes
una estrella azul
sólo te pido que mi espacio
llenes con tu luz.

Yo no te pido que me firmes
diez papeles grises para amar
sólo te pido que tú quieras
las palomas que suelo mirar.

La cantamos, la recitamos, la gritamos porque en este tiempo estudiantil lo único que requerimos fue una “facilitación” que nos permita crecer, no vinimos por un cambio extremo (de los que ahora están en boga), pues desde siempre nos sentimos bien con nuestra apariencia y con nuestra pinta, lo que deseábamos fue que nuestro espacio se llena con luz y que encontremos alguien que quiera las cosas que nosotros ya apreciábamos. Entramos en la aventura UCT y descubrimos que es un sistema que aprende, que crece junto con nosotros. Descubrimos que no hay docentes, sino facilitadores. Miramos que estábamos reunidos con gente que tenía nuestras mismas dudas y nuestros mismos sueños. Como escribió Benedetti:

digamos por ejemplo
que la frontera pierde sus aduanas
y hasta nos invadimos los unos a los otros
nos prestamos volcanes y arroyitos
y cobre y antropólogos y azúcar
y lana y proteínas y arcoiris
y alfabetizadores y durmientes
y poetas y prosistas y petróleo
y el contrabando queda para el viento
y para los amantes migratorios

Soñamos en el aula el ver un país boyante, un Ecuador de emprendedores y emprendedoras, donde la corrupción no legisla y la solidaridad es un tema cotidiano. Formamos una idea de es posible cambiar, que no se necesita la prepotencia para enseñar, ni la amenaza para obedecer, creemos que la voluntad de cada uno es la forma de cambiar la realidad de todos.

Tal como en un encuentro nupcial abandonamos padre, madre, hijos por alcanzar nuestras metas. Esas metas que hoy vemos plasmadas en una realidad que nos embargó la tristeza por un momento y nos regaló un espacio de felicidad, como queriendo darnos a probar que otras dulzuras la vida nos depara.

Vamos entonces a cumplir con lo planeado, a poner en este mágico país ese grano que germinará en una idea, en un proyecto, en una motivación para ser cada día mejores ecuatorianos. Vamos a cumplir desde cada uno de nuestros trabajos, ninguno superior a otro, tan solo diferentes, vamos a usar esos dones que nos fueron entregados y de los cuales un día daremos cuenta. Tenemos que afrontar el reto, no dejar las fuerzas y hacer todo cambio con amor, a palabras de a quien hoy recuerdo con ese:

amor pasa por los parques
casi sin verlos amándolos
entre la fiesta de los pájaros
y la homilía de los pinos.

Pues:

cada ciudad puede ser otra
cuando el amor pinta los muros
y de los rostros que atardecen
unos es el rostro del amor
y el amor viene y va y regresa
y la ciudad es el testigo
de sus abrazos y crepúsculos
de sus bonanzas y aguaceros

Realmente he desfrutado escribiendo estas cortas letras para ustedes, como lo había dicho, de una manera dual ya que al mismo tiempo he sido espectador y orador. Y para finalizar les quiero regalar un último poema de Benedetti, quien con sus geografías no solo nos alimentó la ilusión, sino nos hizo turistas entre sus versos y estrofas que me ha gustado mucho para decir hasta pronto:

Te dejo con tu vida
tu trabajo
tu gente
con tus puestas de sol
y tus amaneceres.

Sembrando tu confianza
te dejo junto al mundo
derrotando imposibles
segura sin seguro.

Te dejo frente al mar
descifrándote sola
sin mi pregunta a ciegas
sin mi respuesta rota.

Te dejo sin mis dudas
pobres y malheridas
sin mis inmadureces
sin mi veteranía.

Pero tampoco creas
a pie juntillas todo
no creas nunca creas
este falso abandono.

Estaré donde menos
lo esperes
por ejemplo
en un árbol añoso
de oscuros cabeceos.

Estaré en un lejano
horizonte sin horas
en la huella del tacto
en tu sombra y mi sombra.

Estaré repartido
en cuatro o cinco pibes
de esos que vos mirás
y enseguida te siguen.

Y ojalá pueda estar
de tu sueño en la red
esperando tus ojos
y mirándote.



Que Dios les Bendiga… Hasta siempre
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