Graduación

Últimamente he tenido que recurrir a todas aquellas cosas que mi abuelita me enseño a guardar, porque según su vieja sabiduría: algún día servirían; tuve que volver a mis recuerdos porque con el paso de los días, con el paso de las horas y con los cambios de clima de Quito me he comenzado a preguntar ¿que me motivó a conquistar el cielo cuando tenía su edad? Realmente ha sido un viaje muy fuerte y duro, porque descubro por un lado cambios y progresos muy positivos en sueños de juventud, pero en un diferente lado descubro otros que aún están en calidad de utopía.
Hoy, ustedes sentados frente a sus familias, con sus amigos, en estas aulas que los vieron soñar, seguramente están a punto de poner recuerdos en un baúl muy similar al mío, porque de seguro ustedes también tienen una abuelita que lo guarda todo y que además, les enseño ha hacerlo.
Hoy empacan en ese baúl 3, 4 o 5 años de esfuerzo. Empacan la alegría con la entraron el primer día con ideas confusas sobre ¿que es el turismo? (¿será que es el lugar para conocer a ese novi@ turista con el que todos soñamos?; ¿será el lugar para pasar de avión en avión, de bus en bus, de hotel en hotel y así no estoy en la casa y no me molestan?; ¿será que es ese lugar donde el país apunta y entonces voy a tener ese sueldo de 1000 USD que todos imaginamos?) Mil y una preguntas, hoy con respuestas claras y en proceso de entrar al baúl.
Hoy empacan sus salidas de estudio, esas caminatas interminables para ver el último rincón del Ecuador. La cascada misteriosa, la laguna encantada, los edificios históricos, las maravillas naturales, al mismo tiempo que el ecuatoriano labrador, que el ecuatoriano montubio a caballo, que el ecuatoriano indígena que es experto en la fabricación de artesanías, el ecuatoriano que estuvo dispuesto a compartir con nosotros cinco segundos de existencia para contarnos sin compromisos como es su vida. Hoy todo ello va al baúl…
Van al baúl junto de la mano, las inmensas tareas que al principio parecían interminables, junto con aquellas que fueron un poco más fáciles. Va la rabia contra aquel facilitador que no me dejo caer en la comodidad y me empujo más allá, porque sabía que podía estar ahí en lo alto; junto con el agradecimiento a aquel otro que me puso su hombro para llorar cuando tenía que renovar mis pulmones. Va esa frase, esa clase, ese módulo que tuvo otro significado para mí, porque más allá de los conocimientos me sirvió para entender y renovar mis sueños del primer día.
Hoy empacan las gradas para subir a clases, la silla que los acompañó y el sol de media tarde que entraba por la ventana y nos mostraba un Quito coqueto y atractivo, mientras nosotros debíamos estar atentos al conocimiento que se impartía en el salón de clases.
Habrá que empacarlos bien, porque como ven siempre regresaremos al baúl por respuestas.
Entre una de esas cosas que encontré en mi recuerdo está una historia que se ha traducido a más de 15 idiomas y ha sido un best seller por mucho tiempo. Una historia que de principio nos haría pensar en que después del jardín de infantes los conocimientos son menos trascendentales, pero justamente al contrario esta historia me ayuda constantemente a reflexionar que existen contenidos en el baúl que no pueden ser refundidos.
Miremos por ejemplo, alcen la mano todas las persona de esta sala que saben pintar; ahora álcenla aquellas personas que escriben poesía; por último aquellos que bailan tango. Muy bien, ahora imaginen que la misma prueba la he hecho muchas veces con los compañeros de mi hija, Maria Paz, en su jardín de infantes. ¿Cuantos creen que alzaron la mano al pintar? ¿Cuantos creen que sabían escribir poesía? ¿Cuantos creen, ustedes, que sabían bailar tango? Es más algunos de ellos me hicieron una demostración en el acto. ¿Qué nos pasó? Creo que enterramos algunas verdades tan profundamente en el baúl que las polillas las están deteriorando.
Robert Fulghum escribió "Siendo ya anciano me di cuenta que ya se la mayor parte de lo que hace falta para vivir una vida plena, que no es tan complicado. Lo sé. Y lo he sabido desde hace mucho, muchísimo tiempo. Aquí está mi credo:
• Todo lo que hay que saber sobre cómo vivir y que hacer y cómo debo ser lo aprendí en el jardín de infantes.
• La sabiduría no estaba en la cima de la montaña de la universidad, sino allí, en la arenera. Estas son las cosas que aprendí:
• Compártelo todo.
• Juega limpio.
• No le pegues a la gente.
• Vuelve a poner las cosas donde las encontraste.
• Limpia siempre lo que ensucies.
• Pide perdón cuando lastimes a alguien.
• Lávate las manos antes de comer.
• Sonrójate.
• Las galletas calientes y la leche fría son buenas.
• Vive una vida equilibrada.
• Aprende algo y piensa en algo.
• Dibuja, pinta, canta, baila, juega y trabaja cada día un poco.
• Duerme la siesta.
• Cuando salgas al mundo, ten cuidado con el tráfico.
• Tómate de las manos y no te alejes.
• Permanece atento a lo maravilloso.
• Recuerda la pequeña semilla en el vaso, las raíces bajan y la planta sube y nadie sabe realmente cómo ni por qué, pero todos somos así.
• Los peces de colores, los ratones blancos e incluso la pequeña semilla del vaso, todos mueren y nosotros también.
• Recuerdo una de las primeras palabras que me enseñaron, una muy grande: mira.
• Todo lo que necesitas saber está allí, en alguna parte. La regla de oro, el amor y la higiene básica. La ecología y la política, la igualdad y la vida sana.
• Toma cualquiera de estos ítems y tradúcelo en términos adultos sofisticados y aplícalo a tu vida familiar o a tu trabajo, a tu gobierno o a tu mundo y se mantendrá verdadero, claro y firme. Y aún es verdad, no importa cuan viejo seas, que al salir al mundo es mejor tomarse de las manos y no alejarse demasiado".
Como les contaba al inició, en mi baúl aún hay sueños de juventud que son utopías, hoy por ejemplo me cuestiono si todos podemos ser felices, y si vale la pena estar en el medio intentándolo… Realmente me cuestiono muchas cosas…
Pero valió la pena ir al baúl en estos días, porque hoy he podido contarles a ustedes, mis amigos, una historia sin fin que elimina para siempre las despedidas; por eso entonces, hoy no puedo decir adiós, sino a palabras de Fulghum decirles que recuerden que
“no importa cuan viejo seas, recuerda que al salir al mundo es mejor tomarse de las manos y no alejarse demasiado".
Gracias y buena suerte.
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