De la vez que conocí a Francisco
Esta vez voy a relatar un encuentro que estuvo lleno de sorpresas y aventuras. Comienza la historia con una conversación con Giovanni Sandoval, un guía nacional de turismo graduado en la UCT, quien tenía como reto el investigar y seleccionar una propuesta de turismo comunitario como su trabajo final. En dicha conversación discutimos sobre algo que habíamos oído al paso, de que por Salasaca había alguien que estaba dando sus primeros pasos en fomentar una práctica de turismo en la zona.
Giovanni, el más interesado en realizar el trabajo para graduarse, escuchó muy bien las recomendaciones y se echó a la búsqueda. Una semana después me comentaba que había encontrado algo por la zona de los Chibuleos, un proyecto de turismo para montañistas, y por ahí mismo otro de una comunidad que estaba trabajando en la confección de ropa de alpaca, pero aún no daba con lo de Salasaca por lo que volvería al estudio de campo en una próxima semana.
A la tercera vez que conversábamos sobre este asunto, Giovanni entró a mi oficina cambiado el rostro y con una alegría indescriptible porque había conocido a Francisco. Me contó que estuvo en el proyecto de turismo comunitario en Patuloma , me confirmó que no eran rumores, que si existía y que además llevaba como nombre Indy Wasi Samana. Me contó que una vez allí Francisco se encargaría de todo, y entonces me entró la duda por conocer a este distinguido personaje.
Durante el próximo mes Giovanni fue varias veces al lugar, inclusive con sufamilia, y cuando regresaba charlábamos algún tiempo, y me comencé a dar cuenta que era muy cierto lo que me dijo anteriormente: “una vez allí Francisco se encargaría de todo”.
Armamos entonces su itinerario de graduación con base en Indy Wasi Samana, lo presentamos y finalmente fue hora de ir al campo para la evaluación final. Tuve el placer de compartir esta experiencia con dos personas muy especiales, la profesora Patricia Enríquez quien iba delegada parea evaluar las competencias de Giovanni en comunicación en otros idiomas, y con Paul Bustos, otro ex alumno de UCT, quien maneja una operadora de turismo (Andes Conexion) y quién a su tiempo se ha convertido en un joven y muy exitoso empresario.
Tal como lo dije al inicio fue un fin de semana lleno de sorpresas y aventura; sorpresas porque Salasaca fue hasta ese momento considerado en el circuito turístico como una parada opcional en un tour a Baños, algunas veces para comprar artesanías u otras solo por estirar las piernas. El que Francisco haya desarrollado una iniciativa local, transformó al lugar de paso en lugar de destino y eso dio nuevas perspectivas. Primero porque fue un lugar espectacular donde pudimos observar una de las estupendas fumarolas del Tungurahua (completamente a salvo), y luego porque disfrutamos de una cabalgata hacía un lugar sagrado donde aprendimos de la actualidad de varias prácticas ancestrales de esta comunidad.
Compartimos con Alegría, hermana de Francisco y con el resto de su familia, parte de su vida diaria como las sabrosas preparaciones de la cocina local, donde aprendimos a preparar humitas. Caminamos al huerto para tomar un delicioso y recién “ordeñado” chaguarmishpe y para rematar la fabulosa experiencia gastronómica compartimos un asado de conejo y cuy preparado por Francisco en una práctica parilla al exterior de la casa.
Entre estas y las otras, Paul se metió de cabeza a aprender otra arte local como son los textiles, entonces con Aahualpa, un vecino de la casa, y el ya famoso Francisco nos dirigimos al taller donde pudimos por primera vez poner en práctica nuestra limitada habilidad para manejar el telar. Estupenda experiencia.
En la noche mientras disfrutábamos de la parrillada hubo música tradicional, inclusive tuvimos el lujo de escuchar a un músico que dominaba el viejo pingullo instrumento andino tradicional. Y para bajar la comida, Geovanny se encargó de que Paul y yo diéramos (o por lo menos intentásemos) los primeros pasos de un danzante de Pelileo. Excelente ejercicio, pero nos dimos cuenta que carecíamos mucho de la coordinación y resistencia necesaria, pero en fin pasamos la prueba.
El albergue muy cómodo y simple nos brindó una noche por demás placentera. Al día siguiente caminamos por una quebrada hasta las vertientes sagradas donde se practican otros ritos comunitarios, pasando por la roca que a un lado tiene forma de búho y al otro de una calavera, donde dice la leyenda se esconde un entierro. Al salir del sendero vimos una muy lujosa moto tuneada al mejor estilo del hombre araña y aprendimos varias cosas sobre la etnobotánica (plantas medicinales) del lugar.
Cuando regresábamos al alojamiento sabíamos que pronto partiríamos, pero Francisco y Giovanni estaban como que recién la cosa empezara, con toda la energía y alegría de un excelente anfitrión turístico. Al llegar nos dimos un baño con plantas medicinales y entonces nos dimos cuenta que estábamos diciendo adiós, caiga la tarde del domingo y debíamos regresar. Pero algo de cada uno de nosotros se quedó en este cálido hogar por siempre.
Ese fin de semana conocí a Francisco y comprendí otra dimensión del turismo de base local comunitario, percibí que Francisco sería un estupendo gerente de un hotel cinco estrellas de cualquier lugar del mundo porque tenía la actitud necesaria, y finalmente disfruté de un momento mágico entre amigos, la erupción del volcán, una vertiente de aguas curativas y una familia que marca la diferencia. Por cierto Giovanni se graduó con honores…
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