Sin gobernanza turística ¿hay paraíso?
Sin gobernanza turística,
¿hay paraíso?
Ecuador no necesita más discursos técnicos impecables. Necesita liderazgo, articulación y una verdadera gobernanza turística capaz de salvar al sector de la improvisación permanente.
El principio de gobernanza participativa no es una idea romántica ni un lujo académico. Es un mandato constitucional. El Artículo 95 de la Constitución ecuatoriana reconoce el derecho de los ciudadanos a participar de manera protagónica en la planificación y gestión de los asuntos públicos.
Pero cuando esa obligación se enfrenta a la realidad de la actual Ley de Turismo, aparece una verdad incómoda: la estructura de gobernanza existe en el papel, pero no en la práctica.
Un consejo invisible
El Consejo Consultivo de Turismo fue concebido como el espacio donde el Estado, los municipios, las prefecturas, el turismo comunitario y el sector privado debían construir juntos el futuro turístico del país.
Sobre el papel, parecía una arquitectura sólida. En la realidad, el silencio institucional ha convertido ese diseño en una estructura prácticamente fantasma.
¿Cuántas veces ha sesionado el Consejo en la última década?
La falta de información pública refleja una preocupante desconexión entre la normativa y la gestión real del turismo nacional.
¿Quiénes integran actualmente ese espacio?
La opacidad institucional deja dudas sobre la representatividad y legitimidad de los actores convocados.
¿Dónde están la academia y la sociedad civil?
El modelo actual parece anclado en una visión antigua que ignora actores fundamentales para construir políticas sostenibles.
“No existe turismo sostenible sin articulación real entre el Estado, las comunidades, la academia y el sector privado.”
Ecuador no puede continuar gestionando el turismo a través de reuniones esporádicas, reacciones improvisadas y decisiones tomadas desde escritorios alejados de los territorios.
Hoy se anuncian nuevos planes estratégicos para el desarrollo turístico. Pero surge una pregunta inevitable: ¿de qué sirve un documento técnicamente impecable si los actores locales no participan ni se sienten parte del proceso?
La crisis ya llegó
El turismo ecuatoriano arrastra el peso acumulado de crisis económicas, sanitarias y de seguridad. A esto se suma la pérdida progresiva de relevancia política del sector dentro del aparato estatal.
Pretender que la recuperación llegará únicamente desde el gobierno central es desconocer cómo funcionan los destinos turísticos modernos.
La reactivación exige corresponsabilidad. Exige un verdadero “equipo país”. El turismo necesita articulación entre ministerios, gobiernos locales, empresas, ONGs, comunidades, universidades y ciudadanía.
Nadie pide que los distintos sectores abandonen sus intereses legítimos. Lo que sí se exige es madurez política y visión colectiva.
Porque la calidad de la gobernanza no depende únicamente de las leyes, sino del compromiso real de quienes ocupan esos espacios.
La respuesta es contundente
No existe un modelo único de gobernanza turística. Pero sí existe una certeza: el peor modelo es aquel que nunca se ejerce.
Un destino turístico que avanza sin coordinación está condenado a retroceder. La improvisación destruye confianza, debilita territorios y compromete el patrimonio turístico nacional.
Volvamos entonces a la pregunta inicial: sin gobernanza turística, ¿hay paraíso?
La respuesta es clara: no. Sin gobernanza solo existe improvisación, y la improvisación es el camino más rápido hacia el deterioro del futuro turístico del Ecuador.
Universidad Central del Ecuador


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